En las últimas semanas, el precio de la electricidad se ha vuelto a situar en niveles muy elevados. En el mercado diario de OMIE se está registrando una gran volatilidad, con picos puntuales que han rozado los 300 €/MWh tanto durante el mes de septiembre como en octubre, niveles que no se veían desde los momentos más tensos de la crisis energética de 2022.
Ante esta situación, es habitual preguntarse qué está pasando y por qué la factura puede subir aunque en casa sigamos consumiendo prácticamente lo mismo.
La respuesta debe buscarse fuera de nuestros hogares e, incluso, fuera de nuestro territorio.

Un mercado global con consecuencias locales

La electricidad que consumimos aquí se produce y se distribuye muy cerca de nosotros, pero su precio está condicionado por un mercado energético europeo conectado con la realidad internacional.
Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, en 2022, Europa ha reducido drásticamente su dependencia del gas ruso transportado por gasoducto y ha tenido que buscar nuevas fuentes de suministro. Esto ha comportado una mayor dependencia del gas natural licuado (GNL) importado principalmente de Estados Unidos, Qatar y otros países productores. Este combustible llega en barcos metaneros, cualquier tensión en zonas clave como el Estrecho de Ormuz u otros corredores logísticos internacionales puede afectar a su coste. Al aumentar esta incertidumbre, los mercados reaccionan rápidamente y el precio del gas sube.
Y cuando el gas sube, el mercado eléctrico europeo también se resiente.

¿Por qué afecta tanto al precio del gas?

Pese al aumento constante de la generación renovable, todavía existen momentos del día en los que es necesario recurrir a centrales de ciclo combinado alimentadas con gas para cubrir toda la demanda eléctrica.
Por este motivo, la evolución del precio del gas sigue siendo un factor determinante, incluso en un sistema donde las energías renovables tienen cada vez mayor peso.


Un otoño con menos renovables disponibles

A la situación geopolítica se le han añadido otros factores que han contribuido al incremento de los precios.
Durante las últimas semanas se ha registrado una menor producción eólica respecto a otros períodos del año y, a medida que avanza el otoño, también disminuyen las horas útiles de generación solar. Este escenario obliga a recurrir con mayor frecuencia a tecnologías convencionales, más expuestas a las fluctuaciones de los mercados internacionales.
La combinación de todos estos factores explica gran parte de la tendencia alcista que estamos observando.


¿Qué podemos hacer nosotros?

No podemos influir en los mercados energéticos internacionales, pero sí que podemos tomar decisiones que nos ayuden a reducir el impacto de este contexto.
Se pueden revisar algunos aspectos básicos:

  • Comprobando que la potencia contratada se ajusta a las necesidades reales de la vivienda o negocio.
  • Revisar los consumos habituales identificando posibles márgenes de mejora.
  • Poner a punto los sistemas de calefacción para asegurar un eficiente funcionamiento.
  • Concentrar, en la medida de lo posible, los consumos más intensivos en las horas centrales del día.
  • A menudo pequeños ajustes pueden traducirse en ahorros significativos a lo largo de los meses de invierno.


Mirar más allá de la factura

Cuando el precio de la electricidad sube, es fácil pensar que se trata de un problema local o situación puntual. Pero la realidad es que detrás de cada recibo existen factores económicos, energéticos y geopolíticos de alcance internacional.
Por eso es importante entender qué hay detrás de estos movimientos del mercado y centrar los esfuerzos en lo que sí depende de nosotros: consumir de forma eficiente, revisar periódicamente nuestra situación energética y tomar decisiones informadas.
Porque, aunque no podemos controlar el precio de los mercados internacionales, sí podemos gestionar mejor la energía que utilizamos cada día.

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