En las últimas semanas, las lluvias han sido generosas en los Pirineos. Más allá de reverdecer bosques y pastos, el agua ha tenido un efecto sorprendente pero muy relevante para nuestros bolsillos: ha contribuido en el descenso del precio de la luz.

Las energías renovables han sido clave en esta reducción del coste de la energía. Disponer de unas buenas reservas hidroeléctricas es una excelente noticia para el sector y los consumidores. Unos embalses llenos garantizan un mix energético más verde y precios más competitivos, especialmente en comparación con los períodos de sequía, en los que es necesario recurrir a los ciclos combinados, más caros y contaminantes.

¿Por qué existe esta relación? 

 

En el mercado eléctrico español, el precio de la luz depende en gran medida del mix de producción disponible. Las energías renovables, como la hidroeléctrica, la eólica y la solar, tienen un coste de producción variable muy inferior al de las centrales de gas, carbón u otros combustibles fósiles, sujetos a las fluctuaciones de los precios de las materias primas.

Sin embargo, el agua, el viento y el sol son fuentes gratuitas. Esto permite producir electricidad a precios más bajos y de forma más rentable. Cuando la producción renovable es abundante, el precio en el mercado mayorista tiende a descender.

¿Por qué no se refleja plenamente en la factura?

 

Aunque actualmente el precio de la electricidad en el mercado mayorista es muy bajo -con episodios puntuales incluso con valores negativos-, esta ventaja no se traslada de forma íntegra a la factura.

La razón es que en la factura intervienen otros conceptos regulados: peajes, impuestos y, recientemente, los servicios de ajuste del sistema. Tras el apagón excepcional del 28 de abril, estos servicios se han encarecido, especialmente por el aumento de las restricciones técnicas destinadas a mantener la estabilidad de la red eléctrica.

Sin embargo, la tarifa indexada sigue siendo una opción muy interesante. Esta modalidad permite aprovechar mejor las fluctuaciones del mercado: cuando el precio baja, como ahora, se traslada de forma más directa a la factura.

Y no sólo eso: si adaptamos nuestro consumo a las horas en las que existe un exceso de producción renovable —normalmente al mediodía— no sólo pagamos un precio más económico, sino que contribuimos a un sistema energético más eficiente y sostenible. Esto favorece una red eléctrica más equilibrada y limpia.

La tarifa indexada: una opción inteligente

Con la tarifa indexada se paga la electricidad al precio de coste del mercado, más la comisión de gestión que cobra la comercializadora. Es una tarifa variable, cierto, pero en contextos como el actual puede representar una importante oportunidad de ahorro.

A diferencia de las tarifas fijas, que no reflejan las bajadas del mercado, la tarifa indexada apuesta por la transparencia y alineamiento con una política de consumo más sostenible.

 

El Pirineo, territorio clave para las renovables

 

El Pirineo juega un papel estratégico en la transición energética. El aprovechamiento hidroeléctrico de nuestros ríos y la energía solar de los valles son motores de producción limpia y local. La naturaleza no sólo nos protege, también nos suministra una energía de kilómetro cero, competitiva y respetuosa con el medio ambiente.

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